jueves, 22 de octubre de 2009

TITA MIA

Es imposible que su presencia pase desapercibida. Esta ahí y me mira. Me mira entre la pared traslúcida que nos divide y no me resisto las ganas de tomarla entre mis dedos y manosearla y hacerla transpirar hasta sentir que se desvanece por mi culpa. Está mal vestida, desalineada totalmente; el vestido plateado que se le escapa por los bordes dejando ver su piel, y esa maldita capa con los colores amarillo y rojo (¡¿quién habrá aconsejado esa combinación?!) que ya pasaron de moda. Sin embargo, esto a ella ni siquiera le importa porque sabe que es una tentación difícil de evadir. Sabe que no me resisto.
Me convierto en asesina y le arranco la ropa. La desnudo, la dejo indefensa, disminuida ante el mundo que busca terminar con su vida. La observo, nada más oscuro, nada más sórdido se me había presentado en la vida. Es horrible, sus líneas no son rectas y las pocas curvas que tiene alcanzan una deformidad extrema: sus puntas no se tocan, pero ni siquiera coinciden. Su torso está compuesto por miles de píxeles incoloros.

ELLA

Siete y treinta de la mañana, y el maldito “tititititi” del despertador me tortura el cerebro... No lo soporto más y de un golpe lo callo pero su muerte en el piso me levanta de un susto. Giro con los ojos entreabiertos y veo por la ventana enormes nubes, regordetas y con paso lento que anuncian para la tarde una fuerte lluvia. Y a mí no me importa. Me levanto con pereza como si mis piernas tuviesen que pedirle permiso al resto del cuerpo para moverse, camino por el pasillo angosto que lleva de mi cuarto al baño y me sumerjo allí como si fuese mi máquina para la metamorfosis: de allí saldré maquillada, vestida y aseada. Pero aún no puedo irme, debo pasar por la cocina que me espera con su ritual de todas las mañanas, el bendito café con leche, ni muy claro, ni tan oscuro... Y ahí la veo a ella, tan clara, tan nítida, con su nariz respingada, su cabello gris con la apariencia de un peinado de peluquería y sus lentes que reflejan el gran titular del matutino. Ella también está bebiendo su “mitad y mitad”; leyendo para todos las noticias del día y el humo le empaña los vidrios pero ella no se muta; su voz sigue firme.... ¿cuántas veces le habremos dicho que lea para ella? Y ahora no me importa. El viaje nos espera y ella ya tiene listas sus maletas ¿por qué será que dejo todo para último momento? Mis potenciales olvidos que anoté en un papel blanco sobre la mesa de la cocina, se convirtieron en acto; ya no quedaba tiempo, las agujas del reloj y el desayuno me consumieron mis últimos minutos.

100 % MASOQUISTA

Con sólo 27 años, Laura Meradi, Licenciada en Letras, decidió durante un año vagar en trabajos calificados de “precarios”; trabajos que suelen ser los primeros a los que acceden los jóvenes. Fruto de ese merodeo, nació Alta Rotación, de Tusquets Editores, que si bien surgió de una idea de Sergio Olguín (ex director de la revista literaria “La mujer de mi vida”), terminó motivándola. “Lo primero que se me cruzó fue querer escribir y después era como que todas las cosas que tenían que ver con el libro empezaron a hablarme”, dice Laura, con su figura diminuta, pequeña, envolvente.
Fue vendedora de tarjetas para Italcred, telemarketer para Teletech , cajera para Carrefour, camarera en Portezuelo y sirvió café en el MC Donals; y a pesar de que siente que le gustaría haber hecho otros trabajos (como vender ropa, por ejemplo), está segura de que todos funcionan con la misma matriz; y en esa matriz los sindicatos brillan por su ausencia: “Yo no me crucé con un solo delegado de nada, ni con ninguna organización en todo el año… háganse cargo, las organizaciones no estaban ahí, no estaban en los trabajos precarios; los pibes estaban solos”. Sabe que todo juicio es político y sabe también que hizo lo que pudo; se plantó y conto la experiencia de lo que veía y vivía de la manera más precisa posible.
Esta misma dualidad se halla presente en todo el relato, en algunos momentos más que en otros: “tiene que ver un poco con las dos caras que teníamos todos ahí, que tenía que ver con lo que queríamos ser y lo que estábamos siendo”. El trabajo precario no es sólo “doloroso” por las condiciones laborales sino también por la cantidad de gente que rota día a día soñando ser algo diferente. Laura, busca transmitir esto cada vez que al presentar un nuevo personaje lo describe enumerando su trabajo actual y lo que quiere realmente ser.